Rosalía rinde homenaje al Pehuén

SOCIEDAD 11 de mayo de 2018 Por
El pehuén “es medicina, es abrigo, te cubre, te cuida, te alimenta”, dice esta vecina de Villa Pehuenia, que pertenece a la comunidad mapuche Puel y es lonko del Consejo zonal Pewenche.
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Rosalía rinde homenaje al Pehuén

Texto y fotos: Victoria Rodríguez Rey

Rosalía dice que se crió con dos mamás: su abuela y su madre. Las actividades todas las realizaban entre las dos, las de afuera con los animales y la huerta, y las del cuidado doméstico, manteniendo encendido el fogón para abrigar al clan. Un verdadero matriarcado. Ella es parte de la tierra. Así lo entiende. Así lo entiende cada miembro de su comunidad. Vive en una región con una rica biodiversidad sin embargo el Pehuén predomina. Rosalía habla tendido sobre el piñón, pero antes le rinde homenaje al nativo Pehuén, reclamando que se lo tenga en cuenta en toda su dimensión “particularmente en una la localidad llamada Villa Pehuenia”. Primero lo primero.

El pehuén, conocido también como piñonero, tiene harto contenido y significado: “Es medicina, es abrigo, te cubre, te cuida, te alimenta”, sostiene. No es posible hablar del piñón sin comprender la vital importancia social y cultural que tiene quien le dio origen, el Pehuén. Rosalía, pertenece a la comunidad mapuche Puel y es lonko del Consejo zonal Pewenche. Mantiene una estrecha relación con las plantas, como con todos los elementos de la naturaleza y sostiene que el Pehuén está sufriendo. Su pariente lejano, el pino, que fue traído y a la fuerza plantado, invade con mantos verdes de monocultivo que compite por la riqueza de minerales de los cuales milenariamente se nutre el Pehuén. Esto se traduce en temporadas de muy baja producción y de frutos pequeños. “Algo está le faltando”, asegura Rosalía. El poco cuidado, la falta de reconocimiento de la planta, la ceremonia de agradecimiento y el pedido antes de cada recolección son prácticas fundamentales que hoy se están perdiendo.

El piñón y algunos de sus usos ancestrales

La sal, el merquén, el cilantro, el cebollino, el charqui, el pebre, la harina de piñón son los condimentos básicos de antaño y actuales de la comunidad. El piñón se recolecta a fines de febrero y principios de marzo. Cumple un rol trascedente para la economía familiar y es uno de los principales alimentos. Dada la versatilidad de la semilla, tiene diversos usos. Con algunas técnicas y tratamiento, provee alimento para todo el año y está presente en cada uno de los encuentros ceremoniales. Consumirlo es incorporar la energía del Pehuén que se conecta con el ser.

Rosalía mientras recuerda, repasa y comparte algunas de las elaboraciones a partir del piñón:

Chichoca de piñón: para su elaboración de la chichoca se pone a hervir la semilla, se deja secar y luego se muele. O bien se tuesta y luego se muele con piedra. La chichoca es esencial de cualquier cazuela o sopa, se la usa durante todo el año principalmente para espesar los caldos.

Catuto: es otra elaboración a partir del piñón tostado y hervido. Se elabora una pasta para armar un pan en forma cilíndrica.

Harina de piñón: base de la panificación de la comunidad, requiere una molienda más intensa, con piedra de moler, previamente debe ser hervido y secado.

Chavid o Muday: es una bebida sagrada utilizada en ceremonias, es a base del fermento de piñón. Su elaboración es ancestral. Se guarda y se transmite la técnica mediante el relato oral de generación en generación.

Rosalía entiende al alimento como parte de la resistencia cultural. Lo que se come reivindica las tradiciones y la identidad. Cree que cuando se elige qué y cómo comer se está asumiendo una responsabilidad. Defender su alimentación es cuidar su comunidad, comprender los ciclos, atender la naturaleza de la que es parte. Existen elementos vitales que la acompañaron desde siempre: el fogón en el centro de su hogar, la huerta productiva durante todo el año, sus animales de pastoreo y trashumancia, los granos. Rosalía sabe que la verdadera riqueza se encuentra en las semillas. Con nostalgia observa que poco a poco algunos de estos elementos se van perdiendo producto del avance de modernas formas de socialización y consumo.

Todo lo que el ser humano hace es cultural, alimentarse forma parte de eso. La mayor parte de prácticas alimentarias actuales son producto de dinámicas industriales que avanzan con altos costos culturales, sociales y ambientales. Cuando Rosalía conversa sobre la importancia de celebrar el Pehuén, recolectar y consumir el piñón está mostrando una práctica cultural donde se repliega el hambre y se alimenta ritualmente la energía vital. Este efecto alquímico si no se mantiene tiende a desaparecer como así también el acervo cultural de una comunidad milenaria.

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