Setenta años después de que, pulverizado ese Tercer Reich que había prometido mil años de dominio del mundo, y en lejano rincón de Bariloche (un boliche), un puñado de chicos de un colegio secundario alemán de Lanús aparecieron grotescamente disfrazados con símbolos nazis y provocaron a alumnos de la escuela ORT, de fuerte raigambre en la comunidad de judía, con el clásico insulto que tantas veces sigue dando la vuelta al mundo: 

–¡Judíos de mierda!
No fue un hecho menor. No fue una novatada de borrachines precoces.Algo profundo sigue latiendo en esos chicos, por mucho que sus padres y maestros juren, se desgarren las vestiduras y se avergüencen ante las cámaras de tevé.

No por nada, apenas horas después, el brillante director Juan José Campanella, en pocas palabras, fue lapidario:
– Esos chicos deberían ver Noche y Niebla, el documental de Alain Resnais.

Su título, Noche y Niebla, alude al nombre del decreto firmado por el mariscal Wilhelm Keitel el 7 de diciembre de 1941, ocho meses antes de que la inmensa maquinaria nazi se pusiera en marcha hacia la sangrienta utopía de someter al mundo bajo la cruz esvástica, y el nombre define el método: las capturas, las desapariciones y los crímenes amparados por la sombras…
Y no vale sólo por sus casi insoportables imágenes, que empiezan sobre bucólicos campos ya en paz, y terminan en el pavor paralizante de los hornos crematorios, los experimentos genéticos de ese nuevo Frankestein llamado Mengele, los fusilamientos en masa, y el vano sueño de un mundo sin judíos, gitanos, homosexuales, lisiados… Una Alemania de sangre pura, pelo rubio, ojos azules, cuerpos atléticos y cerebros lavados por el fanatismo.

Y, adhiriendo a Campanella, me permito recomendar otros dos films que acaso sean capaces de alojarse en la torpeza y la ceguera de esos nazis de carnaval –trágico carnaval– que atormentaron a los alumnos judíos. Uno es Sombras y niebla, de Woody Allen (1992), y el otro, La lista de Schindler, de Steven Spielberg (1993).

Pero… ¿es posible que esos adolescentes comprendan, se conmuevan, se avergüencen y estén dispuestos a enfrentar algo más duro que un reto y unas amonestaciones?

¿Eligieron esos disfraces y maquillajes por casualidad, y en Bariloche, un ámbito en el que hallaron refugio seguro varios criminales nazis?

Quisiera, como viejo periodista y profesor universitario, ser comprensivo y hasta piadoso. Pero a pesar de que lo intento, no puedo borrar de mis ojos una escena que vi en otro documental: un oficial nazi que ayuda a una niña de tres años a subir los escalones hacia la cámara de gas… porque sus piernas eran demasiado cortas.

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Posdata: lector, el camino está abierto y es fácil. Puede ver aquí Noche y Niebla. Las imágenes reunidas dolorosamente por Resnais llegan a ustedes claras, sin filtro, sin opinión: sólo con la atroz fuerza de los hechos.