Mujeres en la Revolución de Mayo: Mariquita Sánchez de Thompson

Las Mujeres participaron activamente en todos los sucesos que dieron lugar a la Revolución de Mayo y lograron que se reconocieran sus derechos. Mariquita Sánchez de Thompson es una de ellas...
Mujeres en la Revolución de mayo
Mujeres en la Revolución de Mayo

El pensamiento de la Ilustración que en el siglo XVIII desafió la continuidad del Antiguo Régimen cuestionó la visión tradicional de la mujer. En coincidencia con estas ideas, un sector de avanzada de la Francia revolucionaria propuso -sin éxito- que se consultara a las mujeres acerca de las leyes que las concernían directamente. También se reclamó que la educación femenina fuera responsabilidad del Estado. Estos dos enfoques se difundieron a través de libros y periódicos.

En el virreinato del Río de la Plata, las primeras publicaciones de los criollos criticaron la costumbre de arreglar los casamientos entre familias sin darle lugar al amor, muy valorado por las nuevas tendencias del romanticismo. Por su parte, Manuel Belgrano recomendó vivamente que se educara a las mujeres, algo que constituía también una forma de reconocer a su madre, Josefa González Casero, sostén del hogar y entusiasta de la buena educación.

Ese rol protagónico en la revolución de las costumbres la impulsó a participar más tarde en la conspiración de Mayo de 1810, junto con su esposo, Martín Jacobo Thompson. No se conocen datos concretos sobre su actuación, peroa algunas cartas suyas indican que estaba al tanto de los riesgos que se corrían, que temió por sus seres queridos y que apoyó desde un principio el cambio político.

Las esperaba un largo camino. Por lo pronto, tuvieron que bregar ante el Primer Triunvirato para que Angelita Castelli no fuera castigada por haberse casado con el capitán Igarzábal sin el consentimiento paterno. En efecto, Juan José Castelli, el ultrarrevolucionario tribuno de Mayo, estaba enemistado con su futuro yerno porque éste era saavedrista y por lo tanto presunto adversario. Esta clase de dificultades fueron frecuentes en las luchas facciosas desatadas por la Revolución.

En el diario la Gaceta, allá por 1812, publicaron sus palabras... “destinadas por la naturaleza y por las leyes a vivir una vida retraída y sedentaria, no pueden desplegar su patriotismo con el esplendor de los héroes de los campos de batalla. Saben apreciar bien el honor del sexo a quien confía la sociedad el alimento y la educación de sus jefes y magistrados, pero tan dulces y supremos encargos, las consuelan apenas del sentimiento de no poder contar sus nombres entre los defensores de la patria. En la búsqueda de sus anhelos, han encontrado el recurso que siendo análogo a su constitución, desahoga de algún modo su patriotismo. Las suscriptoras tienen el honor de presentar a V.E. la suma [...] que destinan al pago de fusiles que ayudarán al Estado en la erogación que hará por armamento que acaba de arribar felizmente. Ellas sustraen generosamente las pequeñas, pero sensibles necesidades de su sexo, para consagrarles un objeto, el más grande que la patria conoce en las actuales circunstancias. Cuando el alborozo público lleve hasta el seno de las familias la nueva de una victoria, podrán decir en la exaltación de su entusiasmo ‘Yo armé el brazo de ese valiente que aseguró su gloria y nuestra libertad’. Dominadas por esa ambición honrosa, suplican las suscriptoras a V.E., se sirva mandar grabar sus nombres en los fusiles que costean. Si el amor a la patria deja algún vacío en el corazón de los guerreros, la consideración al sexo será un nuevo estímulo que los obligue a sostener en su arma, una prenda del afecto de sus compatriotas cuyo honor y libertad defienden. Entonces, tendrán derecho a reconvenir al cobarde que con las armas en la mano abandonó su nombre en el campo enemigo. Y coronarán con sus manos al joven, que presentando con ellas el instrumento de la victoria, dé una prueba de gloriosa valentía. Las suscriptoras esperan que aceptando V.E. este pequeño donativo, se servirá aprobar su solicitud como un testimonio de su decidido interés por la felicidad de la Patria. Buenos Aires, 30 de mayo de 1812”

Fuentes: "Mujeres el Largo Camino de la Historia", de María Sáenz Quesada

"Mujeres tenían que ser", Felipe Pigna