El pasillo de los suspiros...

Historias 22 de mayo de 2016 Por
“Cuando hemos realizado la tarea que hemos venido a hacer en la Tierra, se nos permite abandonar nuestro cuerpo, que aprisiona nuestra alma al igual que el capullo de seda encierra la futura mariposa. Llegado el momento, podemos marcharnos y vernos libres del dolor, de los temores, y preocupaciones; libres como una bellísima mariposa, y, regresamos a nuestro hogar, a Dios”. Elisabeth Kübler Ross
mariposa

Jorgelina es la jefa de terapia, pelo rubio, largo, cerca de 35 años, ojos grises, su belleza contrasta con la realidad de terapia intensiva de una clínica de salud neuquina.

Se desliza entre los enfermos, intentando despertarlos, sanarlos, curarlos, estimularlos y reconfortarlos.

David, jefe de enfermeros, robusto, morocho, va y viene por el pasillo intentando resolver los miles de contratiempos que surgen en el día a día.

Haydeé, secretaria, alta, pelo largo negro azabache, guardapolvo blanco y sus pasos cansados de caminar organizando llegadas, partidas…

Matías, rubio, no llega a los cuarenta años, médico de terapia, también médico de la cárcel. Correcto, en el momento de dar los partes médicos, se nota su especialización como clínico.

Isabel, la portera, contiene, abraza, y llora con nosotros.

Los enfermeros Ana, Adriana, Betty, Alejandro, Yamila y Jesús. Es muy fuerte dejar en manos de Jesús, como suelo decirle en las guardias que está a cargo de Zulema, mi mamá.

Zule, tuvo el 23 de agosto un paro cardiorespiratorio, llegó sin signos vitales al hospital Castro Rendón, la resucitaron y la trasladaron a Ados, ya que no tenían respiradores disponibles.

La palabra que sentía todo el tiempo de esas horas interminables era INDIGNIDAD…todo me sonaba así, que la trasladaran a otro lado sin siquiera avisarnos, mientras esperábamos en la guardia… ver salir la ambulancia, sin imaginar que ahí estaba mi mamá fue tremendo.

Pero, sé que todo tiene un por y para qué…no creo en las casualidades, sé que las causalidades entretejen los hilos que nos conducen a lo que aceptamos transitar antes de llegar a esta vida.

Con el paso de los 50 días aprendí el significado de la DIGNIDAD de quiénes sostienen un sistema que recibe a pacientes de Pami, nuestros adultos mayores, y sólo el compromiso y dedicación hace que todavía funcione.

La mamá de Paolo camina por el pasillo de los suspiros de la Cooperativa Ados de salud…sus pasos rápidos no coinciden con su rostro cansado, en el que día a día enfrenta cada parte médico, esperando, esperando que se abra la puerta verde claro de terapia intensiva. La puerta que la separa de su hijo de 26 años.

Paolo, en el último año de secundario tuvo un golpe en una pierna, se le hizo un hematoma, estuvo anticoagulado un año, y a partir de allí, se afectó un riñón. Diálisis, lupus, la pérdida de un riñón en estos tiempos, paros cardiorespiratorios, un pequeño daño cerebral producen quizás que Paolo no despierte.

La hija y el nieto de  Donatila sentados en el banco de metal y cuerina negra gastada esperan que les den el informe y permitan la visita, no sin antes pasar por el ritual del jabón desinfectante color caramelo, la toallita de papel marrón, el alcohol en gel y dejar la canilla abierta para el que le sigue en el turno.

En terapia, todo tiene otro significado, estamos en carne viva, sentados, esperando que se abra la puerta y nos den los informes, esperanzados de que mejoren…

Nos permiten visitar a Zulema cuatro veces por día, en los horarios del desayuno y merienda y los dos horarios de visitas.

Horarios que son tesoros en el que intentamos despertarla, traerla de vuelta con nosotros mediante flores de Bach, aromaterapia, música sanadora, efecto Mozart, rezos y meditaciones de distintas religiones, ya que mamá fue budista, pero en los últimos años abrazó nuevamente el catolicismo, demostrando que todo es lo mismo.

Tiene otro paro, en el que solicitamos que en caso de repetirse, no la resuciten.

Creemos en la vida y en la muerte digna. Dos shock sépticos, desgastan las posibilidades de recuperarse.

Lo único que pedimos, es estar junto a ella, que se vaya tomada de la mano, y escuchando todo lo que la amamos.

El sábado a las 8.28 mamá abandona su capullo, con un último suspiro, y en paz.

Tuvimos el privilegio de estar ser parte del círculo de la vida, ser parte de este momento sagrado, y soltarla en amor para que siga su evolución.

Una mujer extraordinaria; quizás su único error fue adelantarse en el tiempo…tendría que haber nacido en otra época.
Vivió intensamente, haciendo siempre lo que quiso…sin importarle lo que opinara el resto.
Siempre pendiente de su familia y de las personas que amaba.
Tan actual, que Facebook, twitter, skype, eran recursos para seguir conectada con el mundo.

Uno elige cuando viene y cuando se va, y ahí la vemos partir, caminado lentamente por el pasillo de los suspiros…