Aprender más allá de la edad: ella fue abanderada a los 89 y él, escolta a los 87

Historias 28 de septiembre de 2016 Por
Celestina Gualpa de Siri murió el Día de la Primavera, quería aprender para contestarles preguntas a los suyos. Sebastián Cano coincidió en la escuela con su nieto.
CELESTINA Y SEBASTIÁN
Aprender más allá de la edad: CELESTINA Y SEBASTIÁN

Clarín - Verónica Toller.

Ella, 89, abanderada. Él, 87, escolta. Los dos, luchadores, pugilistas de la esperanza. Ella, que quería aprender para poder responder a las preguntas de sus nietos. Él, que quiere aprender para poder sacar su carnet de conductor, y que coincidió en la misma escuela con su nieto Valentín, de 25 años.

Ella ya no está. Cosas de la vida, se fue exactamente el 21 de septiembre, Día de la Primavera y del estudiante. ¿Metáfora? Dicen que no existen las casualidades sino las causalidades, y Celestina Gualpa de Siri (orgullosa descendiente de aborígenes pampeanos) se marchó el día en que la vida oficialmente estalla en todo el hemisferio y en que los estudiantes “alzan la bandera que ilustraron los próceres de ayer”. Ella portaba esa bandera. “Quería aprender. Decía que le daba vergüenza cuando sus nietos le preguntaban cosas y ella no sabía responder. Por ellos vino y estudió. Y los llenó de orgullo”, dice Silvia Videla, directora de la Escuela nocturna N° 64 La Vidalita, de enseñanza para adultos, en Gualeguaychú, Entre Ríos.

Celestina Gualpa de Siri (89), abanderada y Sebastián Cano (87), escolta en la Escuela Nocturna N° 64 La Vidalita, en Gualeguaychú, Entre Ríos.

Él maneja todos los días su Citroën (auténtico citraca rojo de las mejores épocas), donde lleva a las maestras de la escuela, alternativamente, un día a unas, otro día a otras. Y encima, les lleva caramelos. En realidad, don Sebastián Cano maneja desde 1964, y eso que nació en el 29, pero recién a los 35 comenzó a pilotear un viejo Plymouth. Desde entonces anda tras el volante, sin carnet. Eso sí, jamás de noche. Y si tiene una emergencia nocturna, va en taxi. La escuela tiene un convenio con la Dirección Municipal de Tránsito, por el cual, si los maestros acreditan que el o la estudiante va aprendiendo señales de tránsito, por ejemplo, se le va extendiendo un permiso temporario de manejo, hasta que pueda rendir el examen requerido. Y así lo ha hecho Sebastián, abuelo, ex trabajador del Frigorífico Gualeguaychú, hombre alegre, emprendedor y buen estudiante.

Celestina (no Clementina, como algunos la rebautizaron) murió el 21 de septiembre luego de estar internada una semana, operada de riñón. El 22 fue su sepelio. Antes, el 8 de este mes, Día de la Alfabetización, iba a portar la bandera en el acto oficial de la escuela, con autoridades del gobierno provincial. Pero estas autoridades pudieron venir recién el 12, así que el acto se demoró cuatro días. Pasado esto, Celestina se internó para la operación. Y ya. No más. Se fue con todos los honores de su esfuerzo.

Celestina Gualpa de Siri (89), abanderada y Sebastián Cano (87), escolta en la Escuela Nocturna N° 64 La Vidalita, en Gualeguaychú, Entre Ríos.

En la escuela nocturna hay 53 alumnos. “Los que más trabajo nos dan son los de 16 a 25 años”, dice la directora. El mayor es, justamente, Sebastián, con sus 87 y todo un ejemplo de alumno. “Tenemos uno de 66 años, que sufrió un ACV y perdió las habilidades de habla, lectura y escritura. Ahora, está aprendiendo todo de nuevo. Una maravilla”, agrega la docente. Celestina había terminado en dos años; a otros, les lleva tres. El 25 de mayo de 2015, Celestina desfiló bandera al hombro y banda en el pecho en la fiesta central de su ciudad, en pleno corsódromo. Su sonrisa iluminada no necesita epígrafes.

Cuando la historia de estos dos grandes de perseverancia llegó a los medios, una de las docentes, Agustina, dejó este mensaje en TN y la gente: “Nos hicieron vivir uno de los momentos más emotivos de la noche. La escuela da la posibilidad de aprender a leer y a escribir, pero también da la oportunidad de enriquecer, mental y espiritualmente y de igual manera, a los alumnos y a los docentes. Celestina y Sebastián, los admiramos profundamente. Nos dan una lección de vida que queremos compartir con nuestros jóvenes. ¡Nunca es tarde!”

Nota completa en: Clarín