CONFRONTAR Y RESISTIR DESDE EL ROL AMA DE CASA

Perspectiva de Género 12 de septiembre de 2016 Por
Silvia Federici es una escritora, profesora y activista feminista italiana, que nos invita a politizar y teorizar sobre la importancia del cimiento de todo sistema político y económico de que lo que mantiene el mundo en movimiento es la inmensa cantidad de trabajo no remunerado que las mujeres realizan en los hogares.
CONFRONTAR Y RESISTIR
CONFRONTAR Y RESISTIR - Web de MayDay Rooms, Women of The World are Serving Notice (Las mujeres del mundo están dando aviso), poster de Federici de la Colección de Wages for Housework

OPINIÓN - DANIELA ALEJANDRA SEGOVIA. PSICOLOGA SOCIAL, TEC.MINORIDAD Y FLIA. MEDIADORA

VISIBILIZANDO EL ROL AMA DE CASA

Esta certeza teórica de esta ensayista,  se desarrolló sobre el sustrato práctico y emocional provisto por mi propia experiencia familiar, que me expuso a un mundo de actividades que durante largo tiempo di por sentadas y que, tanto de niña como de adolescente, observé a menudo con gran fascinación. Incluso hoy en día, algunos de mis más preciados recuerdos de la infancia me trasladan hasta la imagen de mi madre haciendo pan, lavando ropa, cosiendo, planchando etc. Y también en mi experiencia como ama de casa, sin hijos, que data de hace 20 años.

También como psicóloga social me lleva a indagar en los pensamientos de Enrique Pichón Riviere en cuanto a la  importancia dada por que cada sujeto-sujeta, hombre, mujer,  se  encuentre con su propia historia de aprendizajes con los modelos construidos, para concientizar la relevancia de esa historia en el presente de cada uno. Para ello es de suma importancia la familia, porqué  es el primer ámbito de constitución de la subjetividad y es en el interior de este grupo donde el sujeto (mujer –hombre) comienza a interiorizar papeles, relaciones de poder, estrategias de satisfacción de  necesidades, respuestas a la frustración. Cada familia le da una organización y significación a las primeras experiencias de aprender, las cuales a su vez reflejan el orden social en que se ha gestado esa familia. En todo este interjuego y bajo las coacciones de la cultura a la que pertenece, el sujeto (Mujer-Hombre) va configurando su visión del mundo, su sistema de representaciones, a partir del cual percibe, selecciona, articula e interpreta los múltiples objetos y acontecimientos de la realidad.  

 En los Sistemas de Representaciones para esta ensayista, es importante reconocer que cuando hablamos de trabajo doméstico no estamos hablando de un empleo como cualquier otro, sino que nos ocupa la manipulación más perversa y la violencia más sutil que el capitalismo ha perpetrado nunca contra cualquier segmento de la clase obrera. Cierto es que  bajo el capitalismo todo trabajador es explotado y su relación con el capital se que se constituyen en condición de posibilidad de cada encuentra totalmente mistificada. El salario da la impresión de un trato justo: tú trabajas y te pagan, así tanto tu patrón como tú obtenéis lo que se le adeuda a cada uno; mientras que en realidad el salario, más que pagarte por el trabajo que llevas a cabo, esconde todo el trabajo no remunerado que conlleva su

Beneficio.  No obstante, el salario por lo menos te reconoce como trabajador, por lo que puedes negociar y pelear sobre y contra los términos y la cantidad de ese trabajo. Tener un salario significa  ser parte de un contrato social, y no hay duda alguna acerca de su sentido: no trabajas porque te guste, o porque te venga dado de un modo natural, sino porque es la única condición bajo la que se te permite vivir. Explotado de la manera que sea, no eres ese trabajo. Hoy eres cartero, mañana conductor de taxis. Todo lo que importa es cuánto de ese trabajo tienes que hacer y cuánto de ese dinero puedes obtener.

La diferencia con el trabajo doméstico reside en el hecho de que este no solo se le ha impuesto a las mujeres, sino que ha sido transformado en un atributo natural de nuestra psique y personalidad femenina, una necesidad interna, una aspiración, proveniente supuestamente de las profundidades de nuestro carácter de mujeres. El trabajo doméstico fue transformado en un atributo natural en vez de ser reconocido como trabajo ya que estaba destinado a no ser remunerado.

Aun así, lo poco natural que es ser ama de casa se demuestra mediante el hecho de que requiere al menos veinte años de socialización y entrenamiento día a día, dirigido por una madre no remunerada, preparar a una mujer para este rol y convencerla de que tener hijos  y marido es lo mejor que puede esperar de la vida.

El trabajo doméstico es mucho más que la limpieza de la casa. Es servir a los que ganan el salario, física, emocional y sexualmente, tenerlos listos para el trabajo día tras día. Es la crianza y cuidado de nuestros hÄłos―los futuros trabajadores― cuidándoles desde el día de su nacimiento y durante sus años escolares, asegurándonos de que ellos también actúen de la manera que se espera bajo el capitalismo. Esto significa que tras cada fábrica, tras cada escuela, oficina o mina se encuentra oculto  el trabajo de millones de mujeres que han consumido su vida, su trabajo, produciendo la fuerza de trabajo que se emplea en esas fábricas, escuelas, oficinas o minas.

Lograr un segundo empleo nunca nos ha liberado del primero. El doble empleo tan solo ha supuesto para las mujeres tener incluso menos tiempo y energía para luchar contra ambos. Además, una mujer que trabaje a tiempo completo en casa o fuera de ella, tanto si está casada como si está soltera, tiene que dedicar horas de trabajo para reproducir su propia fuerza de trabajo.

 Yo espero y coincido con esta  pensadora  italiana, que se construya un nuevo movimiento feminista que una a las mujeres que hacen trabajo doméstico pagado y a las que lo hacen no pagado. Empezar una lucha sobre qué significa este trabajo, reivindicar nuevos recursos al servicio de este trabajo y proponer nuevas formas de organización. Este trabajo se hace separadas las unas de las otras y hace falta unión, nuevas formas de cooperación que nos permitan unir nuestras fuerzas para contestar esta devaluación del trabajo doméstico. La conexión entre mujeres y trabajo doméstico es muy fuerte y no será fácil, pero creo que sí se podrían conseguir cosas. La reivindicación del salario para el trabajo doméstico ha sido muy liberadora porque muchas mujeres podían comprender así que lo que hacían era trabajo y era explotación, y no algo natural. Como dice  Pichon-Rivière una  apropiación instrumental de la realidad, para transformarla”. Coincidir con ello supone entonces el desafío de desarrollar la capacidad de resinificar las experiencias previas e instrumentarse para crear respuestas nuevas, que no resulten meras repeticiones o algo natural  sino verdaderas recreaciones.

Como conclusión debo decir que la intención de este artículo ha sido desarrollado sobre una base fundamental: la necesidad de visualizar el trabajo doméstico y, principalmente, a las sujetas que lo realizan: las amas de casa. El recorrido propuesto ha mostrado de qué forma la esfera doméstica constituye el espacio de reproducción ideológica en tanto que en ella se define y se interioriza lo que es ser mujer, en términos de la división sexual del trabajo y de la construcción socio–histórica de género:

  • En primer lugar, porque designa a la mujer ama de casa como la principal responsable de realizar las tareas domésticas: puede o no estar casada y puede o no tener un trabajo remunerado. Esto significa no solamente que el ser ama de casa sea específicamente femenino, sino que constituye una ocupación de todas las mujeres porque la mayoría tienen asignada, por naturaleza, la responsabilidad del hogar.
  • En segundo lugar, porque señala los elementos que determinan la identidad de las mujeres. De ellos, la invisibilidad se constituye como la gran paradoja: mientras que el trabajo doméstico que realizan las amas de casa es invisible, porque es materializado en los otros, es al mismo tiempo en el que más se visibilizan las mujeres, en el que más se proyectan. Es pues, su mayor espejo.
  • Y en tercer lugar, porque al encontrarse excluido de las cifras que ilustran el desarrollo económico, con el trabajo doméstico se ha invisibilizado a las mujeres, y con ello mantenido el modelo de explotación, degradación y exclusión que las ha violentado históricamente.

Es necesario y urgente colocar este tema en la agenda de discusión pública, exigiendo por un lado la regulación del trabajo doméstico, es decir, asignándole su valor en las cuentas nacionales, micro y macroeconómicas; y por el otro, democratizando las relaciones en el espacio doméstico, haciendo partícipes de la responsabilidad sobre el trabajo doméstico a todos los integrantes de la esfera del hogar, lo que tendría un efecto positivo sobre las condiciones de las mujeres, que sumaría claves que garanticen su derecho a la vida y a la libertad.