La Autoestima como empoderamiento integral

Perspectiva de Género 04 de septiembre de 2016 Por
"Como nos abocamos a transformar radicalmente el mundo, cada mujer precisa, así mismo, cambiar radicalmente" Marcela Lagarde, antropóloga mexicana y feminista.
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1 / 2 - Mujeres Empoderadas

DANIELA A SEGOVIA - PSICOLOGA SOCIAL
TEC.SUPERIOR EN MINORIDAD Y FAMILIA.
MEDIADORA
En la actualidad hay dos grandes vertientes de la autoestima, según Marcela Lagarde, la más difundida por la mercadotecnia y las tecnologías educativas conservadoras es idealista, conservadora y fundamentalmente patriarcal. Forma parte de los estímulos ideológicos al individualismo y al voluntarismo psicologista. Elude el análisis de las causas concretas de los problemas de autoestima. Y pretende crear métodos terapéuticos o de autoconsumo para mejorar la autoestima sin cambiar el mundo. Su objetivo es sólo cambiar hábitos, imágenes, formas de hacer algunas cosas, actitudes y comportamientos para adaptar a las mujeres al sentido conservador de la modernidad: ocuparse de sí mismas, para tener éxito de acuerdo con los valores hegemónicos y para sentirse dichosas con ese sentido de realización personal. Desde esta visión light es posible incluso afirmar la autoestima en la servidumbre familiar, laboral, conyugal. Se concibe la autoestima como una experiencia intrínseca e ideológica basada en la voluntad. Se considera a la autoestima como universal y por ello se trata de manera indistinta a mujeres y a hombres. No se reconoce la importancia de la diferencia sexual y tampoco de las configuraciones de género no sólo en la conformación de la autoestima sino de la vida misma. Está ausente en esta concepción la perspectiva sociopolítica que relaciona la autoestima con el género y la clase, la etnicidad, la condición cultural. Se trata, en cambio, de una visión esencialista y ahistórica, y conduce a visiones reduccionistas en cuanto a la atención de la problemática vital. Contribuye, asimismo, a despolitizar la existencia y así fomenta el conformismo y una experiencia omnipotente. Desde luego, desde esta tendencia se enfocan y atienden problemas de relación, se analizan, por ejemplo, algunos problemas de relaciones hostiles o nocivas como enfermedades o adicciones, se atribuye un origen natural a problemas de seguridad y confianza, las dificultades para alcanzar metas y objetivos son definidas como fracasos, y se le apuesta al autocontrol como recurso disciplinario que conducirá a la asertividad y a la valoración. A esta visión la conocemos como Enciende tu vida, o Cree en ti, o cosas similares. Desde su propio mercadeo, ofrece el control total de tu vida, la elevación de tus cualidades espirituales y el logro de tu felicidad. La influencia de esta tendencia se da a través de terapias, cursos, seminarios, revistas para mujeres, de modas y del hogar; también a través de programas de radio y televisión. Incide sobre todo en personas ricas o que aspiran a ascender. Y, a pesar de que no están dirigidos específicamente a mujeres, acuden a su llamado sobre todo mujeres que sufren y encuentran en esta tecnología alivio a muchos problemas que las agobian. La atención de la autoestima les conduce a ocuparse de sí, a reflexionar y mejorar, a cambiar algunas de sus conductas. Este tipo de terapia condiciona, de hecho, formas de adaptación funcional al mundo, e impide el desarrollo de una conciencia de sí, de una conciencia crítica de género. La autoestima ubicada en la perspectiva feminista tiene otros contenidos. La reflexión sobre esta problemática proviene de la crítica deconstructiva de concepciones que colocan las transformaciones externas a la persona y las metas sociales y políticas colectivas por encima de las necesidades y la realización personal. Algunas ideologías de la vieja izquierda han sobrevalorado a los sujetos colectivos y sus causas en detrimento de los sujetos individuales, y han promovido una moral sacrificial: no importa el estado de las personas, sino el logro de transformaciones colectivas. Más aún, hicieron depender de los grandes cambios sociales y culturales la mejora de las condiciones individuales. Desde esa ideología han promovido una mentalidad idealista al omitir a la persona en el análisis político o reducirla a receptáculo de las condiciones sociales.
La autoestima en la mira feminista como corolario de las experiencias referidas, feministas de todo el mundo descubre que vivir en condiciones patriarcales daña a las mujeres y que eso requiere atención. Y también que, aunque sean indispensables, no bastan las acciones educativas, laborales y políticas para transformar positivamente la autoestima de las mujeres: es preciso intervenir específicamente. Lo que no significa prescindir de esas acciones ni salir de esos espacios. Sino que urge modificar los espacios y lo que ahí sucede. Por eso, desde hace dos décadas, uno de los ejes del trabajo feminista consiste en realizar acciones a favor de la autoestima de las mujeres, en primer término al promover una nueva conciencia del mundo desde la autoconciencia feminista de la propia individualidad. Un segundo eje, un aporte práctico al mejoramiento de la autoestima y de la vida de las mujeres, es la práctica ética que define al feminismo actual: la acción política para eliminar las causas de la opresión de las mujeres, articulada con la acción reparadora de los daños en cada mujer. Gran parte de las energías de las mujeres de organizaciones, movimientos e instituciones se destinan, al inicio del siglo XXI, a crear instituciones, establecer normas, valores y leyes para ilegitimar y desautorizar la desigualdad, la inequidad y la violencia contra las mujeres, y, al mismo tiempo, a crear nuevas pautas de convivencia social para permear la cultura en todas sus manifestaciones con esta ética. Es notable ver, de manera paralela, la acción reparadora de unas mujeres con otras, cuando legitiman, apoyan y tratan de manera solidaria, terapéutica y ciudadana, a otras mujeres, víctimas de la violencia sexual, la guerra, la explotación, el maltrato conyugal y familiar, la discriminación política, la pobreza y la precariedad. Hoy dedicamos gran parte de nuestras energías vitales a nuestro fortalecimiento personal, porque todas estamos dañadas por vivir en un mundo que coloca a las mujeres bajo dominio. Hoy sabemos que estamos en riesgo y por eso también nos preparamos para evitarlo y eliminarlo.
Desde la Perspectiva feminista es que fortalecer la autoestima consiste en lograr el empoderamiento personal y colectivo de las mujeres, y en potenciar nuestra capacidad democratizadora en el mundo.
La autoestima, como amor a sí misma y como amor propio, es el respeto a una misma, la capacidad de recabar para sí misma todo lo bueno, y de cuidar vitalmente el propio Yo en su integralidad corpóreo- subjetiva, como ser-en-el -mundo, como -mujeres-el-mundo con su territorialidad, su incidencia y su horizonte. Es decir, la autoestima tiene como definición una conciencia, una identidad de género y un sentido propio de la vida.

Claves para el poderío y la autonomía de las mujeres.
Principios éticos fundamentales del yo:
• No ponernos en riesgo
• No auto discriminarnos
• No ponernos en segundo plano
• No colocarnos en la sombra
• No subordinarnos automáticamente
• No servir
• No descalificarnos
• No menospreciarnos
• No despreciarnos
• No hacer el consenso a la autodestrucción del yo
• Vivir con la lógica y en beneficio de la ganancia para ti, o sea, ser egoísta
• Hacer una nueva estética afectiva
Para cambiar, no hay respuestas dadas que se puedan generalizar como válidas para cada situación o para cada mujer.
Este escrito es una pausa para aprehender, inquietarse, ocuparse, revisar, desaprender , aprender y reconocer los caminos andados por nuestro feminismo, por nosotras, por nuestros cuerpos e intelectos; por nuestras racionalidades y sensibilidades; por nuestro modo de ser mujer.
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