Abanderada a los 89 años

Mujeres que inspiran 01 de agosto de 2016 Por
En General Pinto, Emma Barraza llevó el pabellón por el Bicentenario; hace tres años no sabía leer ni escribir
ABANDERADA
EMMA BARRAZA, SUPERACIÓN SIN LÍMITES...

PUBLICADA EN LA NACIÓN POR JAVIER DROVETTO - 

Emma Barraza se levanta antes de que cante el gallo. A los 89 años, se pone de pie sin ayuda. Apenas abre los ojos, apura sus cuarenta y pico de kilos repartidos en una figura diminuta que no llega al metro cincuenta. Parece frágil, pero es ágil, ligera. Después de tomar unos mates, sale al patio. El canto del gallo la suele sorprender contando sus gallinas. "Son 16", precisa. Sabe que si madrugó demasiado el gallo la interrumpirá cuando cuente huevos. "Levanto dos docenas por día", dice, y reconoce que recién este año pudo hacer irrefutables sus cuentas.

El mes pasado, Emma sorprendió a su maestra con una docena de huevos del tamaño de un limón. María del Valle Cajes contuvo la emoción. No la conmovió tanto el gesto porque Emma suele ir a la escuela con caramelos o torta para convidar a los otros diez alumnos con los que comparte el aula en la Primaria de Adultos 701 de General Pinto. La "seño" Valle, como le dice Emma, notó que en esa docena había 12 huevos. "Emma aprendió a contar", se convenció. En clase la había visto contar, pero no le causó tanta satisfacción como ver la naturalidad con la que aplicaba lo aprendido en una tarea cotidiana.

Emma llegó a esa escuela pública bonaerense hace tres años. Era la primera vez en su vida que pisaba un aula. No sabía leer ni escribir. Era analfabeta, como muchos de los 70 alumnos que tiene la primaria de adultos de ese pueblo rural, que vive de las vacas y los cultivos, suma unos 6000 habitantes y está 350 kilómetros al oeste de la ciudad de Buenos Aires. Desde que la "seño" Valle la tomó como alumna, aprendió a escribir su nombre, reconoce las letras, copia textos, hace cuentas y sabe cuánto vale cada billete que recibe cuando cobra la jubilación mínima.

El 9 de julio, Emma estaba ansiosa por el desfile por el Bicentenario de la Independencia. Tardó en elegir una pollera marrón entre las treinta y pico que tiene. Se puso medias finas, un saco, aros y una cartera de cuero. Se acomodó los rulos con más cuidado. "Al abanderado lo eligen los alumnos. Y para ese desfile la eligieron a Emma", cuenta Rosana Cattólica, directora de la escuela.

Emma cargó la bandera unos metros y después se la dio a una compañera, pero permaneció como escolta durante las cinco cuadras de peregrinaje. Partieron de la comisaría, dieron la vuelta a la plaza y terminaron ante la municipalidad. "Pensé que nunca iba a llegar a la bandera", reconoce Emma, sin intención de darle más mérito que el que implica para cualquier alumno llegar a ser abanderado.

Los días que Emma se escapa, hace el trayecto en dos partes. Descansa en la heladería El Buen Gusto y después completa las cuatro cuadras para llegar a Villegas 122, la casa de estilo colonial de más de 100 años, paredes de barro, techo de ladrillo y pisos de madera donde funciona la escuela. Hace un par de años, Emma iba sola a la escuela. En ese trayecto reclutó a una alumna. "Juego a la quiniela todos los mediodías y me la cruzaba en la calle. Un día le pregunté a dónde iba. Me dijo: «A aprender a escribir y contar». Le encargué que preguntara si podía ir y pensé que se iba a olvidar, pero les contó y enseguida me llamó la directora para que me sumara", cuenta Beatriz Zárate, de 64 años, que hasta hace dos años apenas había hecho algunos meses de primer grado.

Vida dedicada a la familia

Como Emma y Beatriz, muchos de los alumnos de la escuela tienen un origen humilde y llevaron una vida dedicada al trabajo y a su familia. Son ex peones de campo, trabajadoras domésticas o amas de casa de familias numerosas. Emma no pudo estudiar porque tuvo que ayudar en el campo desde muy chica, cuando su papá perdió un brazo por una infección. Después se casó y tuvo nueve hijos con un peón de estancia. Enviudó joven, hace 40 años, y buscó empleo como doméstica. A Emma la oportunidad de estudiar le llegó de grande, cuando vio que su hija Rosa, de 62 años, completó la primaria en la misma escuela a la que ahora va ella. Y le llegó en el sentido más literal de la palabra, porque la directora fue la que golpeó la puerta de su casa para sugerirle que estudiara. Ese reclutamiento es una práctica común de las primarias de adultos. Dicen que si no lo hicieran la vergüenza que les causa no saber leer y escribir se impondría al deseo de revertir esa condición.

Cuando María del Valle prepara una clase tiene que pensar ejercicios personalizados según el nivel de cada alumno. Mientras Emma deletrea un titular del diario Pinto Hoy, otros hacen un análisis crítico de una noticia. Cuando Emma repasa el valor de un billete de $ 100, otros calculan la cuota mensual de una compra hecha en 12 pagos sin interés. "Aprender estas cuestiones elementales les sube la autoestima, los hace más independientes", reflexiona María del Valle, y remarca además que la escuela los ayuda a sociabilizar.

Hace unas tres semanas, Emma terminó de levantar las hojas de la vereda y la calle. Después de esa tarea pasó la cuadrilla municipal que se ocupa de ese trabajo. Así como estaba, se fue a la municipalidad. Le explicó a una empleada que ella mantenía limpio el espacio frente a su casa. Pidió que no le cobraran más el ABL. La mujer le dijo que como jubilada no debía pagar esa tasa, que estaba eximida. La ayudó con el papelerío y le pidió una firma. Con algo de dificultad, y como lo hace sólo desde hace un año, escribió 11 letras al pie del formulario: "Emma Barraza".

Un padrino para la escuela

La Primaria de Adultos 701 de Gral. Pinto tiene necesidades. Las autoridades reclaman fondos para la merienda y el nombramiento de algunas docentes. También quieren renovar la bandera, que está manchada y ya tiene más de 20 años.

En los festejos del Bicentenario de la Independencia, la comunidad educativa recaudó $ 1200 con las escarapelas de tela que hicieron los alumnos y $ 1100 con las tortas fritas que cocinaron las docentes.

La directora Rosana Cattólica ruega que le publiquen un pedido: "Lo ideal sería que una empresa lea esta nota y quiera apadrinar y ayudar a la escuela".

Te puede interesar